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Romería

Romería
octubre 10
21:27 2017

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

Han terminado las visitas ordinarias de la imagen de la Virgen de Zapopan a las parroquias de la zona metropolitana de Guadalajara y regresa a su Basílica, donde Fray Antonio de Segovia, desde los remotos días de la primera evangelización de estas tierras, la confió a los zapopanos, para poder experimentar su amorosa y tierna presencia.

Amor y ternura hemos vivido este verano cuando recorría nuestras calles, cuando la sonora vibración de los tambores y la aguda eufonía de las trompetas de su guardia anunciaban su regio paso, cual generala que nos trae libertad y paz. Cuánta emoción, hasta el llanto y el grito ensordecedor del ¡viva!, cuando entraba a las iglesias y era colocada en su trono albiceleste adornado de las más finas flores. Su presencia fue fiesta y algarabía, danza y colorido, paz en el corazón y bullicio eufórico alrededor, expresión de un gozo que no puede ser contenido.

La imagen de la Virgen de Zapopan se ha recibido en cada parroquia con la celebración propia de día festivo, con mayor solemnidad que la fiesta patronal; su presencia detiene el tiempo y convierte las calles en santuario, une vecinos que, adornando su paso triunfal, son capaces de romper cualquier barrera, porque ella es nuestra Madre y su sola presencia nos hermana. Esta imagen bendita reconstruye el tejido social en el día de su visita y, deja preparados los corazones para recibir el Evangelio de su Hijo. Pero es hora de regresar a su casa, vestida de seda y áureos bordados, cubierta con su reboso y bajo la resguardo de su sombrero peregrino.

Se va la Virgen, se la llevan a su santuario, y nosotros la acompañamos devotos en su recorrido, sin distinción de clase social ni color político, sin excluir a nadie. Es la fiesta de Guadalajara, es el día en que los tapatíos somos romeros, peregrinos entre collares de tejocote y flautilla de carrizo; vamos a la “llevada de la Virgen” entre el estrepitoso tambor y sonoro cascabel de las danzas, cargando en el hombro al niño y sosteniendo el débil paso del anciano. Es el día mayor de nuestra fiesta tapatía.

Ya el 13 de octubre todo volverá a la normalidad, volveremos renovados a nuestras actividades conscientes de que estamos bajo la protección de María, nuestra Reina y Señora. Su patrocinio nos instará a ser mejores cristianos, a ser ciudadanos responsables y a buscar la fraterna convivencia; ella nos ha enseñado, en su paso peregrino, que podemos arreglar y embellecer con valores nuestra sociedad y virtudes nuestras familias, que podemos trabajar juntos en un proyecto común de reconstrucción del tejido social, porque ella lo ha hecho con su sola presencia. Con ella, estrella de la Nueva Evangelización, se anima nuestro corazón a llevar a Cristo a nuestras calles, a nuestros barrios, a hacer presente a su Hijo Jesucristo en nuestras vidas. A ella le encomendamos nuestros anhelos de ser una mejor sociedad.

 

 

 

 

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Rebeca Ortega

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